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De cuando estamos esperando a que ocurra algo y nos come la ansiedad

En esta ocasión hablamos de la situación de una mujer a la que llamaremos Alicia, que está en el proceso de vender su casa para comprar otra. Toda la operación requiere de multitud de pasos y, cualquiera que haya vivido una situación semejante en el pasado, sabrá que es muy difícil que todo vaya bien a la primera. Algo se va a torcer, algo se va a retrasar, algo va a salir distinto de lo que nos gustaría inicialmente. Y no pasa nada. Es lo normal. Tener la expectativa de que todo va a ir perfecto a la primera es una receta para la frustración.

Alicia ha conseguido ya a unos compradores y ha firmado un contrato de arras en el que se comprometen a comprar el piso. Pero, a la hora de conseguir financiación, los compradores están teniendo problemas con la tasación y Alicia aún no sabe si podrán completar la venta. Esto la lleva a un estado de frustración y ansiedad que no la deja pensar en otra cosa y que la dificulta el sueño. En realidad ella no puede hacer nada para resolver el problema, solo esperar a que los compradores puedan encontrar la financiación, pero esto le pone más nerviosa aún porque siente que no tiene ningún control sobre la situación y siente que se le pasa el tiempo y ella no podrá comprar la casa si no vende la actual pronto.

¿Cómo podemos aliviar esa ansiedad?

Primero, cambiar las expectativas: es una carrera de obstáculos y el proceso va a tardar lo máximo posible. Es así, los procesos difíciles llevan tiempo y, cuando haya pasado, podrá sentarse a pensar en retrospectiva lo lejos que parecía al principio. Pero todo llega, paso a paso.

Segundo, para que Alicia deje de preocuparse de cosas que no puede controlar puede hacer un plan (y así recuperar el control) con lo que haría si pasara lo peor. Para cada cosa que le preocupa que pueda pasar, hacer un plan de reacción. Por ejemplo, ¿qué es lo peor que puede pasar en su situación? Que los compradores no encuentren financiación y que no se pueda hacer la venta. Bueno, en ese caso Alicia se queda con el dinero del contrato de arras y con él puede pagar una agencia que le venda el piso más rápido. ¿Y qué pasa si no consigue venderla a tiempo? Siempre puede bajar el precio para que se venda más rápido. O quizás ver a qué opciones de financiación puede acceder ella. Empezar a ver qué agencias le gustan o que opciones de financiación hay, le permite no mantenerse de brazos cruzados solo esperando y recuperar el control, tener un plan detallado para que nada le pille por sorpresa, tener menor ansiedad porque sabe qué puede hacer si necesita cambiar de estrategia y, sobre todo, que el futuro deje de ser incierto (que es lo que le causa ansiedad).

Esta estrategia no es nueva. Es lo que se hace en la gestión de riesgos de cualquier proyecto: se analizan los posibles riesgos y la probabilidad de que ocurran y se traza un plan para cada uno de ellos. Es lo que se hace en el ejército antes de una campaña, es lo que hacen los jugadores de ajedrez antes de hacer un movimiento. Podemos vivir continuamente previendo de antemano todo lo que pueda ocurrirnos para estar preparados pero, por suerte, la vida nos sorprenderá con cosas nuevas que no esperábamos. O podemos no preocuparnos por lo que va a pasar. Pero si somos de los que nos preocupamos, la estrategia de pensar qué es lo peor que puede ocurrirnos y trazar un plan para cada posibilidad será como hacer al monstruo visible. Que deje de ser una sombra, una idea, un algo misterioso y terrible que puede destrozarnos por sorpresa, a ser algo concreto, con formas precisas y a lo que sabemos cómo responder.